Guía sobre cómo conseguir realizar tus metas

A continuación os presentamos una guía para ayudarte a conseguir tus metas. Sabemos que es difícil, pero si haces, paso a paso, lo que te contamos educar tu voluntad no es imposible y, ni mucho menos, tan costoso como crees.

Todo es cuestión de proponértelo. ¿Estás con ganas? Elegir ser feliz siempre es el paso más acertado.

Pero, primero, empecemos por el principio:

Si conoces cómo funciona la voluntad, puedes educarla para que impulse con su energía tus proyectos más ambiciosos. Estas pautas pueden servirte de ayuda:

 

IDENTIFICA TUS DESEOS

Sólo tú sabes lo que deseas conseguir. Separa tus verdaderos deseos del resto de tus decisiones, observando quién toma la decisión: tu cabeza o tu corazón.

CENTRA TU ENERGÍA

Define con claridad, mentalmente o por escrito, lo que quieres conseguir. No disperses tu energía y procura centrarte en un solo proyecto cada vez.

FIRMA EN POSITIVO

Cuando quieras conseguir algo, puedes ayudarte con frases positivas que reafirmen y encaucen tu voluntad para conseguirlo.

 

VISUALIZA TUS OBJETIVOS

Si te ayudas de la imaginación visual, tus deseos irán adquiriendo color y forma con más facilidad. ¡Permítete soñar! Decide cómo será la casa que deseas o el tipo de trabajo que te gustaría desarrollar.

 

MODIFICA TUS CREENCIAS

Si crees que no puedes hacer algo, intenta transformar tu idea negativa. Y simplemente hazlo. ¡Tal vez descubrirás que tus miedos carecían de fundamento real!

 

EDUCA TUS HÁBITOS

Proponte pequeños objetivos en la vida cotidiana para que tu voluntad se adapte a la disciplina. Es una buena base para alcanzar tus otras metas.

Otro de los aspectos importantes para poder conseguir tus metas y conseguir ser feliz consiste en hacer un trabajo de fondo que te ayude a cultivar la voluntad hacia más te interese para conseguir la felicidad que tanto persigues.

Pero, ¿Cómo se cultiva la voluntad? Veamos algunas ideas para poder dominarla y conseguir los objetivos que tanto persigues y que parecen tan inalcanzables.

 

¿Cómo cultivar la voluntad?

Un viaje de mil millas empieza con un paso. Cultivar la voluntad significa darle importancia a las pequeñas cosas cotidianas. Estas son la mejor medida para evaluar los progresos y la perseverancia en el entrenamiento de esa facultad. Meditar cada día, ir a trabajar, cuidar nuestro cuerpo, aprender de las equivocaciones, volver pacientemente al camino cuando nos hemos apartado de él… son las bases de los grandes logros.

Ahora bien, una cosa es comprender un concepto con la mente y otra distinta llevarlo a la práctica. Más aún si eso implica cambiar hábitos y pautas de conducta profundamente arraigados.

Un método para conseguirlo, curiosamente, es fijarse en las palabras. Si nos hablamos con la suficiente convicción y claridad podemos influir en el ánimo. Esa es la base de algunas modernas terapias, como la Programación Neurolingüística (PNL), que emplea cambios en el lenguaje interno para modificar el comportamiento.

Un experto en PNL afirmaría «dime cómo hablas y te diré cómo vives», porque las palabras crean nuestra realidad. Nuestra voluntad está influida por lo que pensamos y lo que nos decimos. La palabra tiene el poder de llamar a las cosas por su nombre, evocar recuerdos y crear proyectos futuros. La voluntad nos ofrece la llave para convertirlos en realidad.

En la India la mente suele compararse con un mono caprichoso que salta de rama en rama, con un parloteo incesante. Siempre en busca de nuevos estímulos, dispone de mil trucos para justificar todas sus decisiones. La pereza, la dispersión, el dejar las cosas para mañana, las adicciones, etc.,  nunca falta un pretexto en que apoyarse. Por eso cultivar la voluntad es tanto como querer encauzar la mente. Necesitamos domesticar esa energía, ponerla a nuestra disposición, como un caballo bien entrenado que se deja conducir sin abandonar el camino.

¿Pero cómo lograrlo? La PNL propone trabajar con el lenguaje que, precisamente por ser una de las grandes creaciones de la mente, ofrece también una vía directa a ella.

A veces nuestro propio lenguaje es el primer responsable de que no seamos capaces de alcanzar nuestros deseos. Al trabajar la voluntad hay toda una serie de palabras que es mejor ir evitando. La PNL las clasifica en cuatro categorías:

  • Cuantificadores Universales: Cuando los utilizamos ignoramos partes de nuestra experiencia. Son palabras como: siempre, todos, cada vez, nunca, ninguno, jamás. Si decimos: -Siempre me sucede lo mismo», ¿estamos diciendo realmente la verdad?
  • Cuantificadores limitantes: Con ellos ignoramos una parte de nuestra experiencia. Sucede así con palabras como: sólo, solamente, no/nada más, únicamente. Al decir: «Sólo quieres hacerme daño», ¿estamos seguros de que el otro sólo quiere eso?
  • Imposibilidad: Hay palabras que reducen automáticamente nuestras opciones: no puedo, es imposible, no es factible, no es viable. Si decimos: «No puedo aguantar más, tengo que tomar una copa», ¿qué pasaría si no lo hiciéramos?
  • Generalización: Al hablar de esa formas trasladamos las características a todo un grupo de personas: los vascos, los ricos. Si decimos: «Ya sabes cómo son los artistas», ¿estamos seguros de que todos los artistas son iguales?

 

Sin embargo, todos sufrimos altibajos y, de entre los altibajos, algunos pueden llegar a ser paredes de difícil escalada. ¿Cómo superarlos y, además, conseguir que, si vuelves a tambalearte en el futuro, puedas volver a superarlo más fácilmente, con más garantías y para toda la vida?

 

¿Cómo superar los altibajos emocionales?

Todo lo que decidimos hacer suele ir acompañado de un estado sentimental y los sentimientos favorecen o dificultan su realización. Desde que comenzamos un proyecto hasta que lo terminamos pasamos por todo tipo de altibajos emocionales. Y puede ocurrir que lo que al principio nos motivó no baste para afrontar las vicisitudes. En ese caso podemos observar por qué no apetece continuar. Quizá desechamos lo que suponga demasiado esfuerzo o tememos fracasar v preferimos abandonar antes. O tal vez nos cuesta tolerar la frustración. Podemos observar por qué actuamos o por qué no actuamos. La voluntad nos permitirá renovar en cada momento presente las decisiones que tomamos en el pasado.

 

El secreto de la voluntad es la Recompensa y la Paciencia

Si sólo nos mueve el deseo de la recompensa tal vez nos sentiremos decepcionados. La voluntad es algo más que un impulso hacia un objetivo. Para Spinoza la voluntad es nuestro «propio poder», el poder que reside en la esencia de nuestro ser, en lo que podemos llegar a convertirnos… si nos dejamos guiar por nuestra voluntad.

Cuando lo que queremos lograr escapa a nuestras posibilidades o nuestro objetivo es a muy largo plazo, podemos caer fácilmente en el desánimo o la frustración. Quien elige estudiar una carrera movido por una simple curiosidad puede que desista al primer suspenso. Pero quien lo hace sabiendo bien lo que desea, emprenderá con gusto los esfuerzos necesarios.

Cuando se quieren ver los resultados de forma inmediata caemos en el mal de nuestros días. La cultura de lo rápido nos deslumbra con la velocidad y la sencillez con que se logran las cosas. Los deseos hechos realidad, el dinero fácil, la felicidad en un instante… todo ello incita a la dispersión. Cultivar la voluntad, por el contrario, requiere desarrollar virtudes como la paciencia y nos abre la posibilidad de ser nosotros mismos.

 

¿Qué nos hace claudicar o tirar la toalla?

Para sacar un proyecto adelante es necesario saber tolerar la frustración. Cuanta menos paciencia se tenga para afrontar las adversidades más fácil será que éstas nos desvíen del objetivo:

  • La influencia de los sentimientos. Nuestros sentimientos pueden favorecer o dificultar la realización de un proyecto. Unas veces serán motivadores, impulsando la decisión, y otras serán causa de apatía. Por eso:
  • Observa los sentimientos que te producen las distintas situaciones que vives.
  • Fíjate en la emoción que le corresponde a cada uno de tus sentimientos.
  • Elabora una lista con todos ellos y date cuenta de cómo huyen en tus proyectos. En la creencia en una solución rápida. Si estás embarcado en algún proyecto, recuerda que las soluciones rápidas no siempre son las mejores. Para que no condicionen:
  • Desarrolla tu paciencia.
  • Busca motivos para alegrarte con los pequeños avances que realices.
  • No compares tu ritmo de conseguir las cosas con el de los demás.
  • Imagina tu proyecto como un camino no del todo conocido en el que encontrarás alegrías y dificultades. Perder los alicientes o buscar sólo el placer.

Hay que saber mantener el rumbo en los altibajos. El desánimo puede invadirnos cuando anteponemos el placer al esfuerzo o cuando nos impacienta cosechar resultados. En casos así resulta útil:

  • Plantearse metas realistas: ni demasiado grandes ni muy a largo plazo.
  • Afrontar las adversidades y aprender de la experiencia.
  • No dejarse llevar por el miedo al fracaso.
  • No pretender tener todas las situaciones bajo control.

La relación entre la voluntad y el amor

Ejercitar la voluntad también puede influir en la forma de amar. El amor voluntarioso está lleno de pequeños detalles y puede llegar más lejos que el amor apasionado. La pasión es caprichosa e indómita y no puede prolongarse mucho en el tiempo. En cambio, si se tiene la voluntad de amar de verdad podemos trascender el egoísmo y abrirnos a la experiencia de compartir con la persona amada. Podemos comprender de verdad, en vez de exigir, y somos capaces de hacer cosas que nunca habríamos imaginado. Escuchamos al otro y nos preocupamos de su bienestar. Perseveramos en construir una pareja sana y feliz aunque para ello tengamos que dar prioridad a nuevas cosas. Nuestra voluntad ha crecido y estamos irreconocibles para los demás y para nosotros mismos. El amor mueve nuestra voluntad y nos sentimos con energías renovadas para alcanzar las metas.

 

¿Cuál es la mejor actitud para conseguir tus metas?

Cuando alguien se adentra en los parajes del inconsciente puede contactar con experiencias fantásticas, explosivas o aterradoras. Conviene aceptar lo que viene tanto si es grato como no, porque todo ayuda a conocer mejor el ser interno. Es esencial mantenerse abierto y receptivo, procurando que las expectativas condicionen lo menos posible.

Emprender un viaje de este tipo requiere traspasar umbrales como el del miedo, que es una de las primeras puertas cerradas que se suelen encontrar. De nada sirve intentar derribar esta entrada a la fuerza: se ha de intentar llegar hasta la causa del propio miedo, sentirla, reconocerla y así atravesarla. Cuando concluye la sesión se vive un momento de gran sensibilidad, la persona todavía está sobrecogida por la experiencia y necesita ser recibida con suma delicadeza. Al finalizar cada uno expresa lo vivido al resto del grupo, pero se busca más compartir emociones que razonar por comprender lo ocurrido. Por lo general, cuanto más completa es una experiencia menor es la necesidad de análisis o interpretación. La propia vivencia le otorga validez.

 


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